Megan dio un paso hacia adelante, observando a Dayana de arriba para abajo con sospecha.
— ¿Qué…?, ¿qué hago aquí…? Eso… Eso no es de tu incumbencia… — Gruñó Dayana, mostrándose repentinamente enojada.
— ¡Claro que lo es! Usted se ha metido en la oficina del señor Collins sin autorización… — Refutó Megan.
— Es lo mismo que ibas a hacer tú, ¿o no? — Dayana se cruzó de brazos.
— Soy su asistente personal y por su puesto que tengo autorización, el mismo Albert me envió para….
— ¡¿Albert?! — D