Capitulo 40

El cristal del contenedor criogénico no solo separaba a Mateo del aire del laboratorio; lo separaba de la única razón por la que había elegido seguir vivo. A través de la densa solución salina, la silueta de Elena se distorsionaba, pero la fría luz roja que emanaba de su anillo biométrico era dolorosamente clara. Ella lo miraba, pero ya no lo veía. La mujer que un segundo atrás le había prometido sostener el cielo juntos ahora lo apuntaba con el arma más letal de la Red B.

Mateo no buscó una sa
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