81. ESPIANDO AL ENEMIGO
NARRADORA
La mente de Nana le jugaba malas pasadas.
Intentaba concentrarse en el placer que sentía con su mate sobre ella, sus manos calientes acariciándola con ternura.
Sus besos ardientes, esas sensaciones vibrantes que recorrían su piel.
Sin embargo, cuando William subió su falda de cuero y comenzó a dejar tiernos besitos en la parte interna de sus muslos, Nana tuvo que luchar con la idea de cerrar las piernas.
William, desde el inicio, se dio cuenta de su miedo. Diosa, ¿qué le había su