395. EL PADRE DE MI LAVINIA
KATHERINE
—Listo —clap, clap, clap.
Sacudí mis manos mirando mi buena obra.
No quedó impecable, pero sí bastante habitable y decente.
Miré al pasillo, al buen chico que esperaba como un alumno a su profesora.
—Ven, trae a la niña, cariño —le pedí y lo vi alzarse sobre sus poderosos cuartos traseros cargando con cuidado a la pequeña.
Ahora que la adrenalina iba bajando, sus palabras de confesión en el puente regresaron a mi cabeza.
Mientras lo veía entrar con algo de incomodidad por el marco est