396. EL DUQUE DONCELLO
KATHERINE
Con pantomimas, de nuevo entendí que deseaba arrojar la alfombra dentro del forro de tela al suelo, y el agua era para quitar el polvo de las frías baldosas.
—Yo lo hago —me rugió cuando intenté ayudarlo— Bueno, bueno, salvajito, está bien…
Presenciar la escena de ese enorme cosote pasando con torpeza un trapo mojado en el espacio frente a la chimenea, por poco causa que me ría en su cara a carcajadas.
Se me escapó una risita al verlo fregar con ahínco, todo concentrado, como una sirv