387. LOCA DE PSIQUIÁTRICO
KATHERINE
El grito se quedó atascado en mi garganta.
A penas fue un borrón, sus pasos retumbaron sobre la tierra, salió del bosque profundo, sus garras enormes estiradas hacia la espalda de Francis.
Su rugido rajó la noche; el mundo entero pareció estremecerse.
Al hombre que me acorralaba poco tiempo le dio para reaccionar.
El grito de agonía se escuchó cuando esa mano llena de un denso pelaje se aferró a su cuello, sosteniéndolo como un muñeco de trapo.
Lo alejó de mí, alzándolo sobre su