370. LA PROMETIDA DEL GENERAL
NARRADORA
—Señorita, no debería estar aquí, ¿qué…?
—Márchate y déjame sola con el prisionero —Alexia le dijo con prepotencia.
—Pero, el general…
—¡Que salgas, te estoy ordenando! Es obvio que no has logrado sacarle nada, probaré suerte —lo interrumpió, exasperada.
A pesar de que no estaba muy convencido, el capataz se marchó, arrojando el atizador a las brasas y dándole una mirada mortal a Álvaro.
Abrió la cortina de la carpa y salió al exterior.
Le chocaba recibir órdenes de esa mujercita, per