37. NANA EN CELO
NARRADORA
—No debiste… meterte así en la pelea… ggrr —Verak se sentó sobre la hierba con la espalda recostada al tronco del árbol.
La mano en un costado, con el rostro contraído en una mueca de dolor.
—Si no lo hacía, podías terminar muerto —Nana le respondió abriéndole la camisa para revisarlo.
Por mucho que le doliera el orgullo y quisiera desquitarse con ella, Verak admitió que Nana le había salvado la vida.
Algo pinchaba a punto de perforar su corazón y sospechaba que sería la punta de una