38. MI PRIMERA VEZ
NARRADORA
No podía dejar de pensar en ella, su aroma le encantó a su lobo, le dijo que estaba al entrar en celo.
Tenía que ser suya. Si ese idiota no se la vendía a las buenas, lo haría a las malas.
—Señor, ya está aquí el guerrero, pero su acompañante…
—Llévala a mi espacio privado y custodia la puerta. Nadie tiene permitido entrar y ella no puede salir.
El fortachón asintió y salió para decirle a Verak que pasara adelante.
Costó su trabajo separarlo del pegamento de Nana, que ni sabía ya lo q