365. TENEMOS QUE SEPARARNOS
ELLIOT
Salí al exterior por una puerta de servicio, mis sentidos conduciéndome hacia la arboleda, alerta a cualquier espía que me siguiera.
Me interné, apartando las altas hierbas. Enseguida llegué a donde un hombre me esperaba ya desmontado del caballo.
—Vittorio, ¿qué sucedió? —fui directo al grano.
—Señoría, le traigo noticias del sur. Uno de nuestros espías llegó malherido hasta la frontera y le dio un mensaje a los centinelas, cabalgaron toda la noche para comunicarnos que nuestros hombres,