349. ENGAÑOS VISUALES
NARRADORA
El Duque escuchó los pasos apresurados en el pasillo.
La puerta se abrió y se cerró. Elliot la estaba esperando.
—Elliot, creí que nunca me llamarías —Brenda enseguida caminó hacia él, su loba alborotándose por las feromonas de ese poderoso macho.
A pesar de que el Duque era raro, nunca le había mostrado su lobo interior, ni dejaba acercarse a su loba, pero ellas siempre lo intentaban.
Incluso durante las relaciones sexuales, cuando se salía un poco más de su autocontrol, resultaba ba