334. ENGAÑO INOCENTE
NARRADORA
—¡Por allí! —la señora lo guiaba aplicando presión de un lado u otro con el bastón.
“¡Señora, que no soy su burro de carga!” Fenrir rugía en su mente, pero no se atrevía a desafiarla, menos cuando los estaba alejando de esa criatura vengativa.
Por momentos, la montaña tembló tanto que Fenrir creyó que habría un derrumbe y quedarían atrapados.
Un enorme pelirrojo corría por la oscuridad con una viejecita aferrada a su espalda; parecía hasta irreal y un poco cómico.
Pero las cosas que l