324. LA SITUACIÓN REAL
KATHERINE
Nuestras respiraciones comienzan a volverse pesadas, apresuradas.
Siento las chispas saltando en el aire, el olor a excitación.
—Creo que… mejor veo si está lista la cena. La señora de la casa me dijo que faltaba poco, debes tener hambre.
Se levantó como un resorte, alejándose de la cama, dejándome ahí, inclinada como tonta, con los mofletes fruncidos, yendo hacia la vieja puerta de madera.
—¿No me revisarás la herida? —le pregunto con voz suave, según yo, seductora.
No me rendiría ta