262. SI MI FAMILIA ESTUVIESE AQUÍ...
NARRADORA
El cuarto entero vibró y el aire se deformó por la violencia de las energías fluctuando.
Todos los cristales explotaron a la vez con un ruido ensordecedor, acompañados por la luz blanca que cegó los ojos de Alan y Victoria.
Cayeron de espaldas, empujados por la onda de energía, directo a la alfombra.
“¡Atrápenlo, maldita sea!”, fue lo último que pudo ordenar Victoria al ver aparecer las manos muertas bajo los tobillos de Frederick.
Alan se arrojó sobre ella para protegerla con su prop