237. SEXO Y VENGANZA
VICTORIA
Ese hombre daba la bienvenida como si fuese el dueño de la fortaleza y, de repente, proponía un brindis por el Lord.
Los focos de nuevo se movieron a nosotros.
Dracomir se notaba tenso y, de plano, se plantó frente a mí tapándome por completo.
Aplausos, incluso exclamaciones de admiración resonaron en su nombre.
Hasta un idiota lo felicitó por masacrar a los vampiros rebeldes de las fronteras.
El júbilo fue mayor, pero la espalda rígida frente a mis ojos me dijo que él estaba incó