236. LOS APRIETOS DEL LORD
VICTORIA
Pero la mejor mirada fue la de esa arpía… no, no, mentira, el mejor fue Draco.
Esas pupilas de bestia me miraron de arriba abajo, deteniéndose en mi escote pronunciado.
Las curvas de mis senos blancos contrastaban con el rojo y el negro del vestido.
Juraría que lo escuché tragar mientras se acercaba con zancadas firmes hacia mí.
Así lo quería, con la lengua afuera y la bragueta dura.
Ya me encargaría luego de bajársela.
Si para eso llevo lencería erótica, cortesía de Celia que tenía ca