235. YO ME INVITO SOLA
VICTORIA
Me subí los senos, casi a punto de reventar el escote cuadrado.
Me apreté la cintura embutida en el corpiño.
Estaba lista para dejar a todos con la boca abierta y a cierto lobo con la lengua afuera.
Caminé hacia la puerta y escaneé el pasillo, no había nadie vigilando.
Estaba segura de que pronto me pondrían espías, pero parece que aún no me consideraban un peligro.
Como la dueña de la fortaleza, salí al pasillo e invoqué mis poderes para fluir como niebla.
A través de los pasadizos bu