233. EL ENEMIGO VIVE EN TU CASA
VICTORIA
Los latidos de mi corazón amenazaban con delatarme.
¿Le decía la verdad? No sé, sentía que aún no confiaba del todo en él.
¿Y si me encerraba en la torre de su fortaleza para que no escapara?
—Yo… bueno…
—Espera… sshh —antes de que metiera la pata, se puso alerta y me tapó los labios con su dedo.
Su mirada fruncida se movió hacia las cortinas que separaban la recámara de la antesala.
—Algo sucedió, mi Beta me busca y sabía muy bien que no podía molestarme —su expresión severa me decía