223. CENA MORTAL
SIGRID
Subí mis ojos a través del reflejo y lo sorprendí mirando hacia mi cuello para luego ¡hacerse por completo el desentendido!
“¡Esclavo malo, podría castigarte por eso! ¡En vez de toquetearme el coño, tenías que haberme aplicado aquí el bálsamo!”
—Mi señora, le puedo cepillar el cabello —se inclinó y tomó el cepillo, haciéndose el tonto.
Nadie dijo nada.
Regresé la manga caída del camisón a su sitio y asentí.
Mis ojos se desviaron al lateral de su cuello, donde exhibía mi profunda mordi