21. MI LUCERO EN LA OSCURIDAD
NARRADORA
—¡¿Qué sucedió, Nana?! ¿Quién te hizo daño?
—Mamá, Verak… Verak iba a engañarnos a todos para quedarse con esa mujer… —hipando y entre sollozos, le contó lo que escuchó en la choza.
—Ya, ya, eso quizás fue una trampa de esa arpía para humillarte. No te pongas así —le palmeó la espalda, angustiada.
Esta había sido la cachorra que tuvo después de mayor, cuando creyó que se quedaría sin heredera.
Nana era la niña de sus ojos. ¿Cómo se atrevía Verak a quererla convertir en el hazmerreír d