198. LUCRECIA SILVER
SIGRID
—¡Vendido este magnífico esclavo a la Sra. Lucrecia Silver! —miré hacia abajo, suspirando con pesar, a ese hombre que ahora estaba en el peor sitio posible.
—Saldré, mi señora —el murmullo de Silas me devolvió la atención a él, entonces me di cuenta de cuán cerca estábamos.
Di un paso atrás enseguida, no queriendo incomodarlo.
—Bien, no hagas una locura, por favor, recuerda, no caeré por ti, a la mínima burrada te puedo asesinar con un chasquido de dedos —por último lo amenacé, temía qu