195. SILAS
SIGRID
Llevaba la manta por encima, me miró por un segundo para luego bajar la cabeza y hacerse a un lado.
—Bien, ya veo que estás al menos de pie —pasé adelante examinando que todo estuviese en orden.
—Ponte esta ropa y zapatos que te compré, creo que te sirven, igual luego podemos buscar más.
Le arrojé sobre la cama una bolsa de piel, con las cosas del mercado, en lo que me sentaba en la sillita al lado de la pequeña mesa redonda.
Pensé que se escondería detrás del biombo de madera, s