188. ELECTRA DE LA CROIX
SIGRID
El grito se quedó atascado en mi garganta, los ojos casi salidos de mis órbitas y con las manos en un puro temblor, alcé a esa pobre criatura a punto de morir.
Toda su pálida piel llena de horribles marcas negras, como patrones de maldiciones que incluso cubrían su rostro.
No lloraba, sentía su débil corazoncito a punto de detenerse y abrió los ojitos, uno de cada color, para mirar a la cara de la perra que lo estaba ahogando en el pozo.
—¿Mi señora, sucede algo? —me estremecí al escu