156. DE REGRESO CON LOS NUESTROS
ALDRIC
Parecía que la Luna se había convertido en un agujero negro escalofriante y, de su interior, cientos de cuervos salieron revoloteando.
Sus graznidos ensordecedores molestaban mis oídos de lycan; no sabía cómo no llevarían tantos kilómetros de distancia y, lo peor, temía que esta magia tan poderosa le hiciera daño a mi mujer y a mi cachorra.
—¡Aldric, pégate a mí con fuerza!
Valeria me gritó y la abracé por la espalda, protegiendo con mis grandes manos su vientre mientras éramos envuelto