142. HAGO LO QUE DESEABAS
GABRIELLE
Cuando llegué al cuarto estaba preparada para los dulces asaltos de mi mate, por mucho que mi mente se resistiera, la química del vínculo siempre estaba presente.
Abrí la puerta y enseguida el olor delicioso asaltó mi nariz, mucho más intenso y almizclado, Quinn había estado entrenando afuera.
Me lo imaginaba sudando, mostrando sus abultados músculos por fuera de alguna camiseta de combate. Tenía que admitir que moría por recorrer su cuerpo con mis ojos.
Sin embargo, el sonido del sus