128. JUGANDO CON MI LOBA
AIDAN
El botón negro de su nariz acarició la suave piel, su mejilla, lamió sus labios con lentitud, deseando hacerlo con cada centímetro de su cuerpo.
El aura salvaje salió a envolverla, sus feromonas la llamaban, la reclamaban y solo nos detenía una razón demasiado poderosa, que aún pesaba en nuestra consciencia.
Vlad olfateó profundamente en el hueco de su cuello, invitándola a tocarlo.
Gruñendo de felicidad cuando las manitos se perdieron en su pelaje y la tuvo abrazándolo, pegándose a su an