117. YO SÍ TE AMO
NYX
El cerebro me dictaba que reaccionara, que había tantas cosas raras en estas fantasías.
Pero el corazón y, sobre todo, las sensaciones deliciosas que estaba experimentando mi cuerpo me gritaban que ni loca parara esto que estaba sucediendo.
Jadeando y temblando de placer sobre esa manta, mis ojos no podían dejar de ver a los brillantes de Aidan.
Pero después de su liberación tan caliente, mostrándome lo excitante que se vería teniendo un orgasmo entre mis piernas, él cambió por completo.