105. MADAME SANADORA
VALERIA
— Mi señor está solo de paso, indíqueme el mejor sitio para descansar en este… singular pueblucho— escuché desde mi posición, rodeada por los guardias del Rey.
Parecía que no le gustaba llegar anunciándose, lo cual me pareció extraño, dado lo narcisista que se notaba que era.
— Por supuesto… claro, su señoría, por aquí está la mejor posada de nuestro pueblo – el hombre sonriente, casi en el puro hueso y la cabeza más despoblada de cabellos que este decrépito pueblo, enseguida comenzó a