Perla
Virginia, USA.
Al llegar a la villa, la emoción me envuelve. Bajo de la camioneta y, al hacerlo, una de las mujeres del servicio se acerca para ayudarme con mi equipaje. Le agradezco con una sonrisa mientras ella me guía a través del camino adornado con flores y arbustos bien cuidados que rodean la casa.
—De nuevo bienvenida a tu habitación, Perla —me dice con amabilidad, abriendo la puerta con un gesto.
Le sonrío.
—Que bueno verte.
Al entrar, me detengo un momento, un aire de frescura