Fabiano
Estoy sentado en el despacho, la luz se filtra a través de las ventanas, y el ambiente es tranquilo. Alberto, el padre de Fiorella, entra en la habitación con una sonrisa amplia, su energía siempre ha sido contagiosa y es imposible no recodar a mi padre. Siempre que veo su mejor amigo, lo recuerdo.
—Fabiano, ¡tenemos mucho que celebrar! —dice, su voz rebosante de entusiasmo.
—Así es, Alberto. El negocio con Adriano salió a la perfección —respondo, sintiendo una satisfacción—. Como te