Fabiano
Yo no debería de estar aquí. Mi deber es estar acompañando a mi prometida en esa reunión. Sin embargo, estoy de pie, mirando con deseo a la mujer que acabo de conocer la noche anterior.
—¿Estabas por ir a la cama? —cierro la puerta detrás de mí.
Ella se incorpora, sin quitar su atención de mí.
—Creo que tenía que tocar a la puerta, señor —dice con voz molesta y firme.
Me agarro las caderas y miro a mi alrededor, para apartar por un momento la mirada de su cuerpo y rostro.
De ella.