Perla
Con cuidado me levanto completamente mojada y con hojas verdes pegadas a mi cabello y cuerpo, miro en dirección al perro, quien desde afuera de la fuente, sigue ladrando.
—¡¿Estás bien?! —pregunta una mujer pelirroja que me mira y sostiene en sus manos una correa de cuero, para perros.
Empiezo a exprimir los bordes de mi vestido mojado.
—Dentro de lo que cabe, sí —digo mirándola.
—¡Oh, vaya! Tu rodilla está sangrando —mira en esa dirección, luego mira al perro—. ¡Batman, quieto! —la mujer