Un edificio escolar de cinco pisos.
Andrea estaba de pie en la azotea, mirando hacia abajo.
Abajo, el chico al que alguna vez amó se alejaba, con los dedos entrelazados con los de una chica vestida de blanco. No miró atrás.
De pronto, la chica se giró.
Su rostro delicado se alzó, y su mirada se clavó en Andrea. Una leve sonrisa curvó sus labios—afilada, posesiva.
—Andrea —la llamó, su voz cortando el viento—. Tu Fredrick ahora es mío.
El viento aulló, tirando de su vestido. Andrea permanecía al