Aunque ninguno de los dos hombres hablaba mucho, el ambiente se mantenía sorprendentemente armonioso.
Aun así, bajo esa calma superficial, persistía una tensión invisible—sutil, instintiva. Dos Alfas en el mismo espacio jamás podían ignorar completamente la presencia del otro.
Después de la comida, Andrea notó que su padre dudaba, como si estuviera sopesando algo. Su mirada se detuvo brevemente en Samuel.
Lo entendió de inmediato.
Con una suave sonrisa, se puso de pie.
—Papá, Sam, voy a salir u