El comedor quedó en silencio por un momento.
Erika miraba los pedazos del teléfono bajo su tacón con la barbilla levantada mostrando una expresión de orgullo como si acabara de ganar una batalla decisiva.
Y al ver lo que pasó, Adrián recuperó el color en el rostro, Justina se irguió triunfante y Raúl exhaló aliviado.
— Bien… — Empezó a hablar Adrián, está vez con una voz diferente, ahora más fría y más calculada. — Ya no hay grabación… Ya no hay pruebas.
— Solo queda un problema… — Agregó