Capítulo 41
Elena volvió a mirar la pantalla de la tableta. La fotografía de David aparecía con claridad: un rostro inocente, con una sonrisa débil que rompía el corazón de cualquiera que la viera. Había tristeza en sus ojos, pero también algo imposible de ignorar: una sensación fría que se filtraba en silencio desde un pasado que aún no había muerto del todo.
—Me da pena ese niño —dijo Elena en voz baja. Su voz casi se perdió entre su propia respiración—. Él no tiene la culpa. En absoluto.
Tam