Capítulo 34
El sonido de la lluvia intensa golpeando los cristales del edificio se escuchaba desde la tarde. Las luces de la calle comenzaron a encenderse lentamente a medida que el cielo se oscurecía.
Elena guardó sus herramientas de dibujo en la carpeta, respiró hondo y miró por la ventana de la oficina, empañada por las sombras de las gotas de lluvia.
Qué día…, pensó.
Pero todos los diseños estaban terminados, todas las revisiones habían sido enviadas y no quedaba nada pendiente.
—Señorita E