Punto de vista de Elara.
Cada cinco segundos, las luces estroboscópicas de emergencia parpadeaban, iluminando los restos de la sala de admisión. Las enfermeras se acurrucaban tras el mostrador de recepción, con los ojos desorbitados por el terror propio de los desastres naturales, mientras los hombres de Dante pasaban junto a ellas.
"Mantente agachada", susurró Dante, apoyando su mano con fuerza sobre mi hombro.
Lo seguí, pasando por encima del cuerpo atado con bridas de plástico de un guardia