CAPÍTULO 37: FRACASÉ
El tiempo parece haberse detenido, y sin embargo, cada segundo transcurre con una agonía insoportable. El agua gélida me golpea, las olas me arrastran sin piedad hacia las rocas del acantilado. Grito el nombre de mi padre, pero el rugido del océano ahoga mi voz. Intento sumergirme de nuevo, mis manos buscan desesperadas en el vacío bajo el agua, donde el auto ha desaparecido, pero mis pulmones arden y las corrientes me empujan hacia la superficie una y otra vez.
Cada vez qu