CAPÍTULO 38: RESCATE
Lo que sucede después es un borrón, como si mi mente decidiera desconectarse para no procesar el horror. El rescatista me habla, su voz me llega distorsionada, como desde otro mundo. Intento responderle, pero no puedo. Es como si las palabras se hubieran perdido en algún rincón profundo de mi ser. Todo lo que puedo hacer es mirar a su rostro mientras me examina con urgencia.
Él me toma el pulso, se asegura de que sigo consciente y dice algo por la radio que lleva en el pech