CAPÍTULO 29: UN SUEÑO EQUIVOCADO
Alexander está de pie frente a mí, con esa mirada intensa que siempre me lanza de pura arrogancia y… deseo. Mi corazón se acelera, y a pesar de lo mucho que quiero resistirme, no puedo evitar sentir una atracción hacia él. Hay algo en sus ojos, en la forma en que me mira, que me desarma.
Sin decir una palabra, Alexander se acerca lentamente, y yo no retrocedo. Mi respiración se acelera cuando su mano roza mi mejilla, y un fuego interno se enciende dentro de mí.