CAPÍTULO 28: HIPÓCRITA
Lo veo tensarse, pero no afloja su agarre. En lugar de eso, su mano se aferra aún más fuerte a mi brazo, como si temiera que en cualquier momento pudiera desaparecer. Hay algo oscuro y controlador en sus ojos, una intensidad que no había notado antes, o tal vez siempre estuvo ahí y yo decidí ignorarla.
—¿Qué te pasa, Sophia? —pregunta con una voz más baja, pero con ese tono condescendiente que tanto detesto—. Estás actuando como una loca. No entiendo por qué de repente qu