En el camino, conforme se acercaba al aeropuerto, Lucía, Yadira, Viviana… todos esos nombres quedaban atrás. Esos nombres contaban otras vidas de una mujer diferente en cada huida. Las lágrimas surcaban sus ojos profundos; no era alegría, era instinto de lucha. Sus pasos calculados y sus desvelos tenían a su espíritu en constante alerta, un sistema de defensa que desarrolló desde sus primeros años y que se intensificó a partir de los nueve: siempre escondida en las sombras, escapando de los ag