Aquella noche, el aroma a tierra mojada se desprendía por la memoria de Eddy; sonreía con placidez mientras dormía. Viviana monitoreaba al pequeño con el intercomunicador que estaba junto a su cuna mientras ella, en la biblioteca, entró a buscar un libro. Tomó uno y se fue a sentar en la sala.
La luz tenue de una lámpara sobre la mesa alumbraba las páginas cuyas letras saltaban en conspiración con la oscuridad del ambiente. El exorcista luchaba contra las fuerzas del mal. Estéfano, pendient