Capítulo ocho. ¿Quién soy realmente?
Las noches en el castillo se habían vuelto más densas desde que Lyra fue encerrada. El aire parecía cargado de una electricidad silenciosa, un presentimiento oscuro que recorría las piedras antiguas de los muros. Encerrada entre barrotes, ella no dormía. No podía.
Porque los susurros habían comenzado.
Primero fue en un sueño: una voz femenina, dulce y aterradora a la vez, que murmuraba su nombre desde algún rincón olvidado del mundo. Luego vino la sombra