LYRIC
En la cama había un cachorro, más o menos de la edad de la cachorra, que se sacudía sin control.
No era el temblor de alguien con frío. Parecía que estaba sufriendo un infierno.
Le perlaban gotas de sudor en la frente y sus manitas se aferraban a las sábanas. Creo que nunca había visto a un cachorro sufrir tanto.
Corrí hacia la cama, alarmada.
—Dios mío, ¿qué le pasa?
Tenía los ojos fuertemente cerrados y de su garganta se escapaban quejidos de dolor.
—Le pasa seguido, pero cada día está peor. No sé a dónde fue mamá, y papá está ocupado. No puedo ir a buscarlo.
Le toqué la frente. Ardía como un carbón; casi grito. ¡Por Selene, estaba muy mal! Un cachorro como él no merecía pasar por esto.
Debería buscar la forma de llevarlo con sus papás para que lo viera un doctor, pero creía que sabía qué hacer.
Me giré hacia la cachorra para preguntarle algo y vi que estaba llorando. Se me partió el corazón.
—No te preocupes, chiquita, va a estar bien. Yo lo voy a curar.
Le dije, esperando tra