Ambas se separaron un momento, sonriendo, y Matilda notó que algo en el rostro de Lauren le transmitía preocupación.
—¿Quieres un té o algo más fuerte? —le ofreció con amabilidad.
Lauren, que no había pisado ese lugar desde hace tiempo, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Solo tenía malos recuerdos de momentos difíciles y complicados que había vivido allí.
—No, gracias —se apresuró en decir, tratando de mantenerse firme—. Solo quiero hablar con Alexander.
Matilda asintió y, con una expres