—No sé. Tengo mucho que hacer... —vaciló, sintiéndose un poco culpable.
—Vamos, Alex. Solo será una pausa rápida. —insistió Damián, animándolo.
Finalmente, Alexander cedió.
—Está bien, acepto. Un almuerzo suena bien. Quizás me ayude a aclarar las ideas —dijo, sintiendo que un respiro sería lo que necesitaba.
Damián sonrió ampliamente.
—¡Perfecto! Conozco un lugar que te encantará. —puntualizó, mientras ambos se levantaban y se dirigían hacia la salida de la oficina.
Un descanso no era nunca mal