—¿Lucía? ¡Lucía, por el amor de Dios! ¡Alisson está llorando!
Los llantos desgarradores de la bebé y los gritos desesperados de Bessie sacaron a Lucía de su trance. Bajó la mirada y se horrorizó al ver que apretaba a su hija con demasiada fuerza. La pequeña, aterrorizada, no paraba de sollozar. La culpa le golpeó el pecho y, con voz temblorosa, empezó a arrullarla mientras sus propios ojos se tornaban rojos de dolor.
Un temblor incontrolable recorrió su cuerpo. Sus labios sangraban de tanto mor