*—Danny:
Uriel estaba extraño.
Desde hacía unos días, su amado actuaba de una forma distinta. No de forma brusca ni evidente, pero sí lo suficiente como para despertar en Danny una inquietud que no lograba apaciguar. Uriel seguía siendo cariñoso, seguía besándolo cada mañana antes de que él saliera al trabajo, seguía llamándolo “mi amor” en voz baja mientras lo abrazaba por la noche… pero había algo en su mirada. Algo ausente. Algo velado.
Danny quería creer que solo se trataba de estrés. Uriel